viernes, 29 de julio de 2011

Javier Egea / AUSENCIA (XII)



A Enrique Vázquez de Sola

Luminoso de estrellas en tu frente,

amante de Dionisos verdadero.
Qué cadencia de versos, qué sendero
de bellezas el cauce de tu fuente.

Tú sabes como yo, que siempre ausente,

el corazón se torna más severo.

Entonces el momento, compañero,

de dar al viento el verso blandamente.

Yo sé que tú verás una mañana
el resplandor del día que amanece
por el limpio cristal de tu ventana.

Por eso entrega todo cuanto crece
en el tañido azul de tu campana
al delicado viento que te mece.
Javier EGEA
(Granada 70)

Javier EGEA
(Granada, 29 de abril 1952-29 de julio 1999) Del libro Serena luz de viento Granada: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Granada, 1974. Accesit al Premio García Lorca 1972


J.Brahms: Requiem Alemán

Orquesta Sur Sinfonica Orfeón de Granada - Freiburger Bachchor Director: Alejandro Galindo

martes, 19 de julio de 2011

La calle (no) es mía

CANCIÓN DE LA CALLE

La calle que tú me das
-calle ausente todavía-,
no será tuya ni mía.
Calle de todos será.

Por el momento no es más
que una canción encendida,
una estrella fugitiva
que soñamos alcanzar.

Por de pronto se nos va
de los ojos, como el día;
volando, como la vida,
sobre la tierra y el mar.

La calle que tú me das,
no será tuya ni mía.
Habrá de ser compartida.
Calle de todos será.

Agustín MILLARES SALL

viernes, 15 de julio de 2011

Javier Egea-Una vindicación

Reivindicando a Javier Egea

Por Alberto Granados

El pasado 14 de abril, se presentó en Granada, en la Sala Cultural Nueva Gala, el libro “Poesía Completa. Volumen I”, de Javier Egea (Bartleby Editores / Fundación Domingo Malagón, Madrid 2011, con edición, apuntes bibliográficos y notas de José Luis Alcántara y Juan Antonio Hernández García y prólogo de Manuel Rico). Se trata de una valiente apuesta por la reivindicación de un gran poeta, injustamente eclipsado. El volumen incluye un total de siete poemarios, previamente editados, que son: “Serena luz del viento” (1974), “A boca de parir” (1976), “Argentina 78” (1983), “Troppo mare” (1984), “Paseo de los tristes” (1982), “Raro de luna” (1990) y “Sonetos del diente de oro” (2006). El segundo volumen, en preparación, incluirá la obra inédita.

El prologuista, Manuel Rico, ha puesto como título al primer epígrafe de su prólogo “Conjurar un silencio”. En este apartado analiza la extraña desaparición de Egea, durante más de dos décadas, de las antologías y de las historias de la literatura, incluso las más rigurosas: “¿Un simple olvido? ¿Falta de rigor en el análisis del período? ¿Un silencio premeditado? ¿Desconocimiento del nivel de calidad de la obra del poeta?” se pregunta, para añadir más adelante: “…cualquier respuesta que intentáramos aventurar a las preguntas antes citadas que no fuera la marginación (por activa o por pasiva) carecería de toda credibilidad. ¿Quiero decir con ello que hubo una conspiración de silencio o un interés especial en relegarlo? No puedo afirmarlo, pero sí he de subrayar que ese silencio, unido a su ausencia de todas las antologías generacionales de ámbito estatal –no menos de treinta- que se editaron a lo largo de las décadas de los ochenta y noventa […] es una inexplicable anomalía histórica que ha extendido una sombra sobre su figura humana y literaria…”. Más adelante, sigue acotando la verdadera naturaleza de esta invisibilidad inducida: “… ha sido una injusticia literaria de proporciones incalculables que, además, habla de serias carencias en nuestro sistema crítico y académico…”.

(Los intervinientes: responsables de la edición y prólogo)

Lo expuesto hasta aquí es suficiente para que incluso los menos versados en la figura y la obra poética de Egea se den cuenta de que algo huele a podrido en lo concerniente al proceso de ninguneo de este autor. Tal vez haya que aclarar para ese lector que no ha tenido grandes oportunidades de conocer a Egea que éste, junto a Álvaro Salvador y Luis García Montero, definió el concepto de “la otra sentimentalidad”, título de una especie de manifiesto poético que los tres publicaron en 1983 y que sirvió para diseñar una nueva concepción de la poesía, llamada ahora de la experiencia, siempre asociada, casi en una injusta exclusividad, al ubicuo poeta mencionado en último lugar. Partiendo de una concepción marxista-althusseriana tratan de reinventar una sentimentalidad que no se base en el yo libre, ya que la historicidad anula al yo.

El grupo se deshizo nada más aparecer, pues la llegada al poder de los socialistas, en 1982, creó una atmósfera socialdemócrata que barrió la anterior concepción marxista de la poesía, que los tres poetas habían compartido en mayor o menor medida. Teorizar la nueva situación, analizar el fenómeno, creó fuertes tensiones ideológicas, vitales y estéticas en el interior del grupo. Egea, que aseguraba no venderse, contempló el irresistible ascenso de García Montero al que sintió como cabeza visible de ese camino con el que no se identificaba, que llegó a conquistar unas cuotas de popularidad, protagonismo y poder nunca vistos en un hombre de letras (ediciones críticas de los grandes, participación como jurado en una inabarcable cantidad de premios de poesía, presencia decisoria en el mundo editorial, capacidad de opinión y acceso a los medios más prestigiosos, omnipresencia mediática, comisariado de grandes efemérides culturales generosamente subvencionadas…).

El proceso coincide con una compleja situación personal y pública de Egea, que ve, con una mezcla de rabia y sorpresa, los derroteros de estas nuevas figuras poéticas. En 1999 se suicidó y estas diferencias resultarán ya definitivamente insalvables. Esta acumulación de tensiones, con posterioridad, ha generado una abundante polémica con acusaciones muy graves, un proceso judicial que condenó a García Montero por difamación contra el profesor José Antonio Fortes, un libro de este último (“Intelectuales de consumo”), una novela biográfica con personajes reales (“La conjura de los poetas”, Editorial Almuzara, 2010) del también profesor marxista Felipe Alcaraz y el abandono de la docencia en la Universidad de Granada por parte de García Montero, hechos todos que marcan un extraño contraste con la desaparición mediática y editorial del poeta.

(El grupo Taracea cantando el poema “¿A qué vienes, amor?”)

Tras tocar este aspecto, Rico hace un análisis de las características de la poesía de Egea, desgranando las claves y circunstancias de cada libro suyo, poemario a poemario, para concluir diciendo que “La poesía de Javier Egea, más de una década después de su muerte, se mantiene viva”, aserto este que apoya afirmando que “…seduce y conmueve a quienes fuimos sus coetáneos, pero en el que nuevas generaciones de lectores, aquellas que están accediendo hoy a la poesía a la vez que hacen suyo el universo de Internet, del blog, de Facebook, o de las redes sociales más diversas, encontrarán no pocas claves de su propia vida y se inquietarán al advertir en sus versos significados ocultos, realidades imprevistas y señales de una vida otra que frustró el suicidio”.

(Un aspecto de la sala)

Por su parte, los preparadores de esta brillantísima edición crítica, José Luis Alcántara y Juan Antonio Hernández García, aclaran las vicisitudes y el sentido de esta edición, aportan una exhaustiva bibliografía sobre el poeta y, tras los poemarios, una rigurosa sección de Notas al texto, en que cada poema ofrece una especie de ficha aclarando las modificaciones autógrafas o mecanografiadas que el propio autor hizo en su momento. Toda una demostración de método, exigencia y rigor que permiten, no sólo leer a Egea, sino también suponer o intuir motivos introspectivos que lo llevaron a introducir los cambios en los poemas. Hay motivos más que suficientes para que este libro sea uno de los libros del año literario.

Pero, una vez analizado el contenido y la importancia del libro, vayamos a la presentación, y no por un mero afán de frivolidad: la presentación de un libro de contenido literario suele contar con la presencia del autor, algún entendido (un crítico o una notable autoridad académica), un presentador de cierto prestigio intelectual, los familiares del autor, que se toman el acto como un gesto de afirmación genética, así como amigos, obligados a dejar constancia de una fluidísima corriente de empatía hacia el protagonista. El acto incluye necesariamente la exaltación del libro presentado, de la obra anterior del autor si la hay, de sus características estéticas y su calidad, de su proyección literaria y crítica, de su impactante importancia, en definitiva. El autor recibe miles de abrazos (algunos incluso son sinceros), firma ejemplares, se siente halagado y agradecido, disfruta ese instante de gloria, etc.

La presentación de este libro fue radicalmente distinta a esta liturgia y casi fue más elocuente lo que no se dijo que lo que se explicitó. Al tratarse de un poeta fallecido y largamente eclipsado y silenciado, muchos de los asistentes habíamos ido dispuestos a oír algo sobre Egea, pero sobre todo, a oír mucho sobre los factores y personas que han contribuido, por fas o por nefas, a esa especie de destierro que, aseguran algunos, contribuyó al suicidio del poeta. Dicho de otro modo: la presentación tenía algo de ajuste de cuentas, ya que la oportuna edición de Bartleby y la Fundación Domingo Malagón supone todo un gesto de valentía, una reivindicación muy necesaria, la reparación de una gigantesca y larga injusticia cometida con Javier Egea, cuya poesía completa se podrá leer ahora y comparar con la de otros poetas que otrora fueron sus compañeros de cosmovisión y manifiestos.

(El poeta Antonio Carvajal recitando un poema. A su lado, Manuel Rico y José Luis Alcántara)

Además de los responsables de la edición, el prologuista, el editor, un nutrido grupo de amigos, una hermana del poeta, los profesores Juan Carlos Rodríguez, Fortes y Alcaraz, el poeta Antonio Carvajal (que leyó un poema), un nutrido grupo de admiradores y curiosos nos reunimos para participar del fin de esa conjura de un silencio imperdonable. José Luis Alcántara leyó una meticulosa y larga serie de hechos, casi un acta notarial, del proceso seguido con la obra, editada o hasta ahora inédita, del poeta. Enumeró las vicisitudes que la propiedad intelectual de esa obra ha generado, las ediciones fallidas, las discusiones y preguntas lanzadas al vacío… Las intervenciones se sucedieron intercalando versiones de los poemas de Egea, musicalizadas por el grupo Taracea. Al final se proyectó un programa televisivo del canal andaluz de TVE, emitido en 1985, en que intervenía un jovencísimo Egea.

Una atmósfera de catarsis por la reparación de una injusticia, el estado de ánimo que produce una satisfacción tardía, la valoración de la magnífica edición conseguida, el sabor de las canciones versionadas por Ginés López… todo eso estaba en el ánimo de los presentes en el momento final de tomar una copa de vino a la memoria, desde ahora indiscutible, del poeta.

ENLACES:

http://www.ideal.es/granada/v/20110415/cultura/manuel-rico-poeta-javier-20110415.html

http://www.granadahoy.com/article/ocio/951042/no/tengo/respuestas/para/explicar/olvido/javier/egea.html

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=125536

http://www.granadahoy.com/article/ocio/942348/poeta/ha/vuelto/anacer/y/vivir.html

http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2011/04/los-mejores-libros-de-la-primaver-2011-poesia.html

http://www.elpais.com/articulo/portada/Andar/erguido/solo/elpepuculbab/20110423elpbabpor_43/Tes

http://republica-granada-ucar.blogspot.com/2011/05/el-volumen-i-de-la-poesia-completa-de.html

http://www.granadahoy.com/article/ocio/970133/salvador/y/la/poesia/completa/egea/mi/discrepancia.html

Alberto Granados

NOTA. Deseo dejar constancia de mi agradecimiento a Bartleby Editores y, muy especialmente, a José Luis Alcántara, conocedeor del poeta y de su obra y preparador de la edición, que me ha hecho unas observaciones muy pertinentes al conocer el borrador de este artículo.

viernes, 10 de junio de 2011

Tabu

Sax is the question


Dani Nel.lo & Madame Taboo

domingo, 8 de mayo de 2011

JAVIER EGEA


Tribuna/Tribuna libre

Retumbó la voz de Javier Egea. Bartleby rompe el silencio decretado sobre su incómoda obra al publicar la “Poesía Completa”

Por Miguel Veyrat, lunes, 02 de mayo de 2011

El Volumen I de la “Poesía Completa” de Javier Egea (1), el poeta granadino cuya obra ha permanecido oculta durante un cuarto de siglo, silenciada en gran parte por quienes fueran sus compañeros de grupo —La otra sentimentalidad, travestida más adelante en poesía no compleja, ”figurativa”— ha supuesto un cañonazo disparado por los sagaces editores de Bartleby, retumbando al aire nunca demasiado tranquilo y desmedidamente presuntuoso de los vencedores actuales y reales de la continua, absurda y sangrienta guerra extraliteraria que asuela periódicamente la poesía española. Con ello se reafirman de nuevo las amargas palabras de Luis Cernuda al citar a Larra en un artículo de 1962 (2), consagrado a reivindicar la obra de Miguel Altolaguirre.
”En España todavía hoy escribir es llorar, —repetía el gran marginado al glosar el ocultamiento del poeta que fuera uno de sus más leales amigos—, porque el renombre, y por tanto la oportunidad de ser leído, de un poeta, está basado tan sólo en su actualidad”… ¿Por qué? “Porque en España, las reputaciones literarias han de formarse entre gente que, desde hace siglos, no tiene ni sensibilidad ni juicio, donde no hay espíritu crítico ni crítica y donde, por lo tanto, la reputación de un escritor no descansa sobre una valoración objetiva de su obra”. La sentencia de Luis Cernuda, vigente por desgracia, es a mi juicio base imprescindible para un intento de abordar con solvencia los desafíos que afronta de modo continuo la poesía que escribimos en España.

Y sin embargo, la cruel historia que se preparan ustedes a conocer en la lectura de la obra completa de Javier Egea, que comprende desde su primer libro Serena voz del viento (1974), hasta Raro de luna, el último publicado poco antes de su automarginación definitiva en forma de suicidio en 1999, no es sino consecuencia del reparto de los despojos de las vestiduras de la poesía que de modo nada evangélico han realizado una vez más contemporáneamente algunos jefes de centuria, entre editores y poetas, ansiosos de la ganancia que podía deparar el advenimiento de la “buena nueva” que anunciaba ingenuamente el ansiado fin de la dictadura y el inicio de una placentera epifanía apoyada en la ahora llamada “Transacción” —de modo evidentemente irónico, pero con visos de realidad.

A la ira ciudadana actual debida a la descomposición política, económica y social en los modos democráticos adquiridos desde que se restañaran los restos del río de sangre vertido hará ya tres cuartos de siglo, se une el deseo por parte de algunos intelectuales responsables, como Manuel Rico y Pepo Paz en este caso, de desenmascarar el entierro voluntario de parte de una herencia poética que aparece imbuida no sólo del espíritu de sus padres más activos y evidentes —tanto trasterrados como enterrados en vida en la península—, a la par que los verdaderos protagonistas de la poesía más comprometida en los años transcurridos desde aquella fallida, ingenua promesa, de “explosión literaria” tras el franquismo. Como si el talento dependiera de los votos y los miles de carreras y concursos de belleza entre poetas organizados por los ayuntamientos, instituciones y/o elegantes mecenas especuladores, que deseando lucir la cosmética del jazmín de la poesía, han contado con jurados parciales de escritores, unidos a algunos espurios elementos editoriales “con voz pero sin voto”, pero encargados de recaudar los denarios localizados a través de sus agudos visores.

Muchos viven la misma suerte que debía padecer más adelante Egea, mientras los más listos crecen, se multiplican, se ramifican desde el grupo formado en un coqueto Corleone alpujarreño

Tras quienes gozaron del dudoso privilegio de haber nacido unos pocos años antes de la contienda y que formaron su propia “generación”, luego desfilaron los exquisitos venecianos con interesadas ayudas para que distrajeran de todo compromiso excesivo; después llegaron los neosentimentales, místicos, malditos, filósofos, silenciosos, figurativos y demás “tendencias”; entre ellos, quienes recuperando las voces que sembró Gramsci desde sus cenizas, se entregaban a ampliar el espectro progresista de la poesía española sin residuos epigonales y con voz propia, renovada. Sería demasiado tedioso para el lector enumerar aquí el canon de los eminentes maestros apartados del camino por no prestar la debida obediencia a los partidos supervivientes del desastre de los años treinta, y lamentable olvidar algún mérito en tan breve texto como el presente entre aquellos que se empeñaron, sacando fuerzas de flaqueza y jugándose libertad y patrimonio, en contar en verso la historia verdadera de aquella longa noite de pedra con la voz insobornable que suelda la poesía con la realidad.

Muchos viven la misma suerte que debía padecer más adelante Egea (3), mientras los más listos crecen, se multiplican, se ramifican desde el grupo formado en un coqueto Corleone alpujarreño de comunistas recién bautizados y bien dispuestos para halagar y servir al poder como guardias de corps en la propaganda electoral; para ello se dejan acompañar por falangistas enmascarados, neofranquistas aznareños, bodegueros felipistas y hasta algún legionario de Cristo a quien el Opus Dei pareciera demasiado liberal; sujetos todos a la ley de la omertá en el secreto de la cueva de Alí Babá, cuentan con sus propios guardianes de la ortodoxia familiar. ¿Cuál será tal ortodoxia que comienzan a ejercer de modo fundamentalista unos elementos de procedencia tan diversa? ¿Qué los une?: Es el propio poder, aquel que corrompe hasta el lenguaje, heredado del paternalismo cultural franquista —“con los ascensores funcionando”—, como tantas otras cosas que no han podido o querido cambiar. De todo ello es testimonio ejemplar la historia del poeta Egea, que entra ahora de pleno en los anales de lo que dimos en llamar genéricamente “la democracia”. Historia que ha narrado de modo más documentado, sutil, objetivo y discreto que el mío el crítico, novelista y poeta Manuel Rico, suministrando las claves necesarias en un texto que abre la edición preparada por José Luis Alcántara y Juan Antonio Hernández García, eficaz y sin concesión alguna.

Dotado Egea de una voz no peor que quienes le acompañaron en la fundación de aquella “La otra sentimentalidad” (4), su sonido y sentido sonará ahora singularmente “nueva” para miles de lectores españoles, dejando en la conciencia agria de sus censores el poso de las estúpidas razones aducidas para justificar una marginación de tantos años, basadas —a tenor de lo publicado— en el alcoholismo, depresión y en todo aquello que pudiera llevar a los espíritus filisteos a condenar la “mala vida” nocturna, el sexo siempre dolorido en su oscuro enigma que sin embargo constituye el patrimonio de tantos poetas —hayan decidido o no morir antes de tiempo. ¿De qué o de quiénes, de qué buena o mala entraña depende decidir en grupo el acoso de otro “de los nuestros”?, ¿Hubiese resultado más cómodo tal vez para sus supuestos amigos dejarlo pudrirse en un manicomio y sacarlo de paseo de vez en cuando para exhibirlo como un maldito mono sabio escribidor de poemas, como sucede en otros casos? ¿O quizá aguardar una buena mañana al levantamiento de su cadáver sobre los adoquines húmedos, para llenar después de rosas y botellas de coñac su estela de polvo blanco, como en la tumba de Poe pero en el Paseo de los tristes?



Javier Egea: Canal Sur, 6-11-2008 (vídeo colgado en YouTube por codecom)

Empédocles, el más famoso de los primeros pensadores suicidas, quizá se arrojó a las llamas del Etna para comprobar personalmente si en lo hondo del abismo nacían las raíces del odio y el amor que hacen vibrar los cuatro elementos que dan forma a las contradicciones de la materia, al hacerse humana. Se arrojó a las llamas —filósofo y poeta por entero, capaz de dar su vida por el pensamiento puro, haciendo buena una recurrente metáfora poética. Otras y otros se ejecutaron en las aguas del Pacífico, en las del río Ouse o en las del Sena; tragándose una bala de plomo, bailando del cabo de una cuerda en el vacío o pudriendo su privilegiado cerebro en los aires ulcerados de la química o el opio. Cientos de poetas viven y trabajan, felices o no, actualmente en España. Y con mejor o peor suerte, unos deciden matarse y otros no; también con mejores o peores contactos sociales —como advertía Luis Cernuda— y para suerte suya, pueden medrar junto a pequeños editores honestos que saben reconocer una obra rigurosa, bella y original que pueda proporcionar unos momentos de felicidad al lector de poesía, arriesgándose a publicarla.

El ejercicio de la poesía no trata de cambiar el mundo, ni siquiera de entenderlo; intenta construirlo, desde sus desechos no rentables, para uso tanto privado como colectivo

El suicidio de un poeta, además, suele “vender”, como también ha pensado no hace mucho un joven escritor deseoso de notoriedad que se ha atrevido a publicar una “Antología de Poetas suicidas” o algo así, de la que ustedes me dispensarán facilitar referencias. Muchos de ellos tendrían derecho a acceder a peldaños más altos, que sólo pueden consistir en allegar más y más lectores, no en acumular premios que sin embargo son los únicos que ayudan en este país de gregarios a ser más leído y apreciado socialmente. Si existiera por el contrario en la parte oriental de la Península que nos ha tocado en suerte, una sociedad de lectores verdaderos la suerte de un escritor dependería tan sólo del juicio decisorio de esos lectores de poesía que compran y leen libros pagando de su bolsillo (5), sin depender del apoyo de una u otra secta cuyas presiones pueden resultar letales para determinados caracteres.

Se suicida aquél para quien la vida ya no merece ser vivida, como recuerda Albert Camus abriendo su Mito de Sísifo. Sus razones últimas permanecen para siempre en el secreto. Por muchas claves que creamos adivinar, nosotros sólo podremos “suponer”. A la voz de Egea debemos dirigirnos pues por tanto para no especular indagando en el testimonio vital legado por sus versos, esos “amigos verdaderos que componen el pequeño pueblo en armas de la poesía”, como manifestó en su primer soneto, inédito hasta figurar testimonialmente en el manifiesto de “La otra sentimentalidad”, ya que fue escrito para tal ocasión influido por el poema Eternidades de Juan Ramón según atestigua Manuel Rico. (“Poética” es su título, y a mi modo ver aparece también determinado por la lectura de un verso emblemático de Celaya, uno de sus poetas de cabecera de la época).

El ejercicio de la poesía no trata de cambiar el mundo, ni siquiera de entenderlo; intenta construirlo, desde sus desechos no rentables, para uso tanto privado como colectivo. Sirve para cantar y contar angustias, o celebrar gozos empuñando la palabra y la música en versos verdaderos encarrilados a la busca de la belleza, ese lugar que nunca llegan a conocer los cobardes. Sirve para sentir ese mundo distinto construido con música, palabras y emociones; para notar cómo palpita al compás del latido de nuestra propia sangre: Así lo creía Javier Egea y esa fue la intención de la poesía que pudo escribir a lo largo de sus siete libros publicados. Su obra aparece embriagada en la fiebre del amor por la humanidad y la justicia, en una búsqueda agónica de razones para vivir y entregarse con el ímpetu de la palabra justa, medida y adecuada para preñar el corazón del otro, precisamente en un mundo del que él ya sabe con certeza que “No No era este el lugar”. Ya pisa en el territorio de la muerte presentida, que no va a tardar.

Hay que salir de aquí
hacia otra tierra
para volver un día con el agua en la frente
con el fuego en las manos,
con el grito en las alas.

Dice sin embargo su principal exégeta que este poema, “Ciudad del asedio” en que la protagonista es la alondra, podría ser “la metáfora de un tiempo mítico —¿la Segunda República?— en que el sujeto poético constata la dificultad que supone construir el futuro liberador con el que sueña”. Egea, con su lenguaje audaz siempre dispuesto a modificar los puntos de fuga individuales sobre el mundo para unificar todo aquello capaz de ser compartido: incluido el amor, por muy diferente y difícil que pudiera resultar su práctica, como “pronta agonía”, con “sangre por las palabras” y “al filo del puñal”. Sin embargo, no todos en su grupo, se deciden a asumir con la misma entrega la ideología y los términos teóricos y expresivos del materialismo (“Materialismo eres tú”, se titula uno de los poemas del libro Paseo de los tristes) que siente, estudia y asimila este poeta cuyos orígenes sociales no “debían” llevarlo a tal camino.

Con su elección de compromiso Javier Egea consuma el alejamiento de la estética oportunista que ha comenzado a practicar el núcleo rector del grupo

Pronto parece estar claro que tampoco el grupo primigenio era su lugar. Como un día nos recordaba a todos Valente y trae ahora a cuento Manuel Rico, “donde acaba el grupo comienza el poeta”. Y Egea afinca sus raíces en la única tierra firme en la que cree y sobre la que merece la pena asentar el arte y su propia vida, una misma cosa: “una suerte de marxismo heterodoxo en el que caben el irracionalismo y la realidad de los sueños sobre un hilo conductor reconocible, de origen realista”, como comenta el crítico Manuel Rico, añadiendo que Egea fue tal vez el único poeta de su generación que asumió sin complejos la terminología del marxismo hasta trasladarla al poema y darle una dimensión nueva. Es en efecto su obra poética la que regresa ahora como alondra hasta nosotros, para ser ungida con el agua en la frente, el fuego y el grito prendidos en las manos y en las alas en pos del sueño liberador. Y bienvenida sea. Es la diosa razón, sí, consagrada por la Revolución francesa y asumida por entero en el ideario republicano , pero la razón creadora, tal como la concebiría María Zambrano, razón utópica ofrecida por esa maestra del pensamiento poético, y “revelada” entre los claros del bosque de las ideologías. Palpitaciones todas de una impaciencia en la esperanza congénita, que hacen de la vida un continuo “anhelar, esperar, querer”.

Con su elección de compromiso consuma el alejamiento de la estética oportunista que ha comenzado a practicar el núcleo rector del grupo, en alianza con los mismos editores malsines que se benefician largamente de las subvenciones que la égira felipista les concede, ansiosa de bendiciones y medallas culturalistas que adornen otras desviaciones más graves. Egea escribe ya “una poesía distinta, total, poliédrica, intimista y civil a la vez”, que carece ya de todo tipo de conexión con los poetas que nacieron a la vida literaria junto a él. La publicación de Troppo mare y Raro de luna confirman la ruptura definitiva, aunque ya a lo largo de los veinte años precedentes su obra había permanecido ausente de toda antología o censo de poetas en ámbitos locales o nacionales, controlados prácticamente en su totalidad por los que ya eran amos de la cancha como poetas “figurativos”—uno de los oxímoron más pintorescos que haya dado la historia de la literatura española.

y yo desnudo aquí y en público sangrando
como si nunca nada me hubiera sucedido.

Hoy sólo sé que existo y amanece.

Desnudo y solo vive Egea en el poema “Leer el Capital”, conmemorando el libro de Althusser que constituyó la biblia de todos los jóvenes antifranquistas de los años sesenta y setenta. Althusser en su teoría política, la que bebe Egea ávidamente, concibe el poder del capitalismo como una combinación de sus aparatos represivos, Estado, Ejército, Policía… añadidos a sus aparatos ideológicos representados por la escuela, la Iglesia, la prensa, los partidos políticos, etcétera. Algo que todos los españoles de la época sabían ya de memoria por experiencia propia y estaban dispuestos a olvidar. Mas Egea sigue convencido de que todo ello existe todavía, a pesar de un pacto constitucional apoyado con bayonetas en los riñones. Y por lo tanto, también constata que no amanece y que se ve obligado a existir en ese raro magma, “a boca de parir”.

Althusser asesinó a su mujer Héléne Rytman el año 80 en el pico de una crisis depresiva de la que se acusó moralmente a su psicoanalista y colaborador en tareas de pensamiento Jacques Lacan —que había definido el suicidio como “el único acto humano que tiene éxito sin ningún fallo”—, a quien también admiraba nuestro poeta y a quien el filósofo llamaba “El Góngora del psicoanálisis”. La derecha asoció de inmediato marxismo y crimen (el suicidio de Nicos Poulantzas en el 79 tampoco ayudó) (6). En España, por la misma época sucedía que en el IX Congreso del PCE (1979) Santiago Carrillo, en contra de las corrientes mayoritarias del PCE, convirtió el viejo Partido revolucionario en una organización socialdemócrata al disolver su sistema celular y sectorial con su decreto de territorialización, bien que forzado por las circunstancias del pacto de la “Transición” anteriormente citadas, hasta que en 1982, el PSOE que desde el comienzo de la democracia en España se había presentado a las elecciones como un partido marxista proclamándose como primera fuerza de oposición en el gobierno, abandona asimismo su ideología fundacional ante la amenaza de dimisión de Felipe González. Paralelamente, el ensueño europeo comienza a diluirse en el ácido de las doctrinas de Milton Friedman, adoptadas y ejecutadas por Thatcher y Reagan, aplicadas de modo sangriento en Chile y Argentina y finalmente transferidas con el discreto nombre de “neoliberalismo” hasta el corazón mismo de la ya domesticada izquierda española, que actúa en su nombre dejando que la derecha “de siempre” cargue con el sustantivo y el mochuelo.

Es este un libro en que la lógica existencial de la ideología rebalsada en los trasfondos de Gramsci, Pavese y Pasolini, hubiese debido retener al grupo original en la fidelidad a sus principios fundacionales

Podemos imaginar muy claramente lo que sucedió en el mundo emocional, y consecuentemente estético, de un Javier Egea “desnudo en público y sangrando” mientras inicia su particular “Paseo de los tristes” —así se llama, y con su nombre titula su posterior libro, la avenida que conduce al cementerio de Granada— mientras un núcleo selecto de sus compañeros de viaje se pliega a los nuevos catecismos que celebran con sus mantras rituales en la bodeguilla de La Moncloa, siempre con la tricolor, eso sí, ciñendo su cintura, políticamente correctos. Él ya había aprendido de Lacan que “El inconsciente está estructurado como un lenguaje”, al crear la lógica del significante en aplicación de las teorías saussurianas, donde el Yo se constituye en un reconocimiento en torno a la imagen del Otro o en su imagen en el espejo. En el seno de esa lógica va a construir su poética desde entonces, pues no hay ideal más adecuado para su reciente libertad ideológico-estética adquirida en la práctica del dolor que ya se condensa en una soledad cada vez más patética, que termina de incubarse en una estancia —mítica en su biografía— en la Isleta del Moro del Parque Natural de Cabo de Gata, donde en absoluto aislamiento escribirá Troppo mare, un piélago en que se agarra a los pecios de la contradicción fundamental entre el Yo privado y el Otro colectivo, entre temporales y olas que rompen aisladamente.

Es este un libro en que la lógica existencial de la ideología rebalsada en los trasfondos de Gramsci, Pavese y Pasolini —a quienes todos han leído con pasión—, hubiese debido retener al grupo original en la fidelidad a sus principios fundacionales. Solamente Egea persiste, ya definitivamente aislado. El poeta acrecienta su soledad de poema en poema al negar el realismo “figurativo”, que ya roza a menudo el casticismo ramplón. Sigue desnudo, sangrando. Aunque no amanezca. El poeta no puede ser sino en estado de rebeldía. A pesar de las circunstancias y la destructiva desolación que presidirá inmediatamente Paseo de los tristes (1981), el libro alcanza el premio Juan Ramón Jiménez con jurados de honestidad probada como Aurora de Albornoz, José Hierro y Félix Grande. Desgraciadamente, en un momento en que la carcoma de la derrota ha horadado ya el organismo mental y físico del poeta en el que

Una extraña madeja de tumbos y deseo
te va poniendo en pie cada mañana

Y ya todo es oscuro, irracional, raro. Raro de luna, de hermosísimo título. En una entrevista periodística reconoce que el paisaje de ese libro es ya inconsciente, porque a él le “gusta aprehender la poesía de la propia poesía”, lo cual le hubiera aproximado en otras circunstancias a otros grupos coetáneos con los que también me podría haber identificado yo mismo, aunque parcialmente como poeta, si hubiese decidido pertenecer alguna vez a alguna “tropilla”. Este es pues el momento “donde comienza el poeta”, y si aceptamos totalmente la conseja valentina, donde el grupo estalla para Egea en mil pedazos, donde su voz es cada vez más propia —una clara “conducta impropia”—, irracional, donde retumba en cañonazos a cada tiempo más certeros, sonoros y significativos. Comprometidos pero dolorosos, donde sabe que

Todo estaba perdido
A la sombra del árbol perdido

Con la niebla a tus órdenes
príncipe de la noche
llegaste generoso de negras flores

No te vayas ahora que asedia el frío

En el árbol del bosque
En el árbol vacío
En el árbol del bosque vacío.

Ya es un “practicante de la muerte diaria”, como confiesa en 1994 a otro periodista. Practicante de una muerte que se podría alcanzar tanto en un descampado como en aquel desolado y misterioso “2º B” que aparece ya citado por doquier. Ya se está marchando. El poeta ya se va de este mundo por las cañerías del 2º B: “No No era este el lugar”. Sólo escribirá un cuadernillo más, Sonetos del diente de oro publicado con carácter póstumo en 2006, que se origina en una lectura peculiar de Las mil y una noches, y contiene algún poema de extraordinaria perfección tradicionalista donde su Sheherezade, cuando al fin todos se fueron (…), lleva colgada entre los pechos la brillante pieza áurea donde se reflejan (…) Encima de la mesa/ los restos de una timba de siglos invernales, de noches sin piedad. Cierre. Ya sólo escribirá dos sonetos —magníficos—, más: (…) De pronto, en los espejos,/ ve resbalar un cuerpo desnudo, ve pasar/ una huellas mojadas… (…). Separación empedocliana antes de dejar el último rastro en la ceniza del cráter de su cráneo, entre amor y odio, eros y tánatos, crimen e inocencia que han presidido su corta, intensa atormentada vida. “Sólo un gesto. No volveré a escribir”, como anotó su admirado Pavese antes de zanjar la propia soledad de modo definitivo. Ninguno de los dos poetas superó la cuarta década de su vida.

Tiempo vital dedicado por tanto, como apunta M. R. cerrando su lúcido prólogo, “a buscar un imposible, la poesía materialista, algo que sólo existe en el terreno de la teoría, consiguiendo sin embargo una poesía de la compleja condición humana, poesía crítica en su sentido más profundo”, como vivida de continuo al borde de la sima. Como primer responsable de la publicación de la obra completa de Egea, como director de la colección de poesía de Bartleby Editores, afirma por último que “con este trabajo no he pretendido sino llevarlo a su lugar, situar su lírica en el campo de la poesía”, pues no debió transitar por las décadas de los ochenta y los noventa en una marginalidad extraña, ya que se trata de “un poeta mayor” del que hasta ahora solamente contaba el lector para acercarse al conjunto de su obra con la Antología Contra la soledad”, publicada en 2003. Con las obras completas que ahora salen a las librerías, queda cumplido pues un acto de justicia con alguien que fue “un poeta desadjetivado e imprescindible, un poeta a secas”. Un rebelde. Un abstracto.

Tras esta escueta y exacta definición quedaría una pregunta por responder al filo de estas páginas, de estos recuerdos, de la polémica que reproducimos en los enlaces que figuran en otro lugar (7), además de la brevísima Antología de siete poemas, uno por cada uno de sus libros, que aparece como colofón y guía. La pregunta es muy simple: ¿Por qué?, ¿Por qué el auto de fe del silencio, el equivalente de la hoguera medieval practicado por quienes eran sus cofrades y amigos? Una respuesta coherente, aparte de las opiniones que expuse en los primeros párrafos de este artículo, yo no soy capaz de hallarla. Sólo sé por experiencia propia que el ejercicio de prepotencia y acoso en grupo, suele ser un síntoma de la mediocridad de quienes lo ejecutan. También sé que la mayoría de poetas escribimos por la inmensa felicidad que proporciona captar la música secreta que da un sentido universal a las palabras vulgares que sirven para cooperar todos a diario unos con otros. Ser leído es pues muy importante para un poeta, porque el hecho de escribir sólo tiene sentido en el hecho de comunicar esa emoción ya desentrañada y escrita, hasta otra mente que pueda latir al mismo ritmo, o parecido, que la propia.

Quiero, para terminar, ofrecer en homenaje personal a este compañero, hasta hoy desconocido para mí —ausente tantos años de España y sus meandros, pozas culturales—, los últimos versos de mi poema “Pie de luz en la ceniza” del libro Instrucciones para amanecer (8), que termina reproduciendo tres versos de Hölderlin dedicados a la muerte de Empédocles y representan bien los sentimientos que me ha producido la lectura de su poesía. Ignoro si Egea conocía y amaba a aquél poeta que antes de caer en la locura creyó que el hombre sólo habita poéticamente la tierra —pero en libertad, sin límite alguno—, aunque estoy convencido de que si se hubiese dado la ocasión, hubiésemos celebrado los tres juntos estos siete versos con un buen vaso de vino,

También mi huella
queda al borde de este cráter: El mundo medirá
en su cálido recinto
el sentido deicida de mi herencia:

¡Sed hospitalarios y piadosos,
pues sólo cuando aman son buenos los mortales!
¡Arrojemos después la pluma debajo de la mesa!


***


7 libros, 7 poemas (ver nota 9)


¿Quién te va a ti a conocer
en lo que callas, o en esas
palabras con que lo callas?
PEDRO SALINAS



QUÉ DIFÍCIL, AMOR, LA MADRUGADA…


Qué difícil, amor, la madrugada,
el abrazo brutal
cuando la luz es débil
aún por las esquinas,
si nos falta la voz,
la palabra precisa
para bordar el beso.
Qué difícil, amor, el mediodía,
la tarde y el crepúsculo.

Se nos durmió la voz
cuando aún no brotaban
ni el llanto ni el silencio.

Y entonces el error,
la catástrofe inmensa
del viento sin espigas,
de los labios dormidos.

Y entonces, qué difícil,
amor,
qué difícil el mar y la alborada.


LIBRO: Serena luz del viento
Publicación: 1974
Escritura: octubre 1971




A PESAR DEL DOLOR


No moriré en tus ojos
que tantos ojos tiene mi canción
como cuentas el collar de los trigos.
Es otra muerte nueva la que ahora me cita:
la de los brazos amplios
y el corazón sencillo y claro,
la de la frente en pleno campo de batalla
en pleno campo de batalla
sin más arnés
que un manojo de versos
libres para la vida y el amor.
Por eso no moriré en tus ojos.
Es otra muerte nueva
la que ahora me cita cada día.


LIBRO: A boca de parir
Publicación: 1976
Escritura: 8 noviembre 1973



[VIII]

Abrumadoramente condenado,
porque el pueblo decide hasta la muerte,
vendrá la muerte a ti y vendrá a verte
en nombre de la historia el torturado.

Vendrá la muerte a ti, remunerado
del dolor y su grito, a sorprenderte
alto tú en tu poder, dormido y fuerte
y ponerte de sangre coronado.

Poderosa verdad que te reclama
a tu triste corona obedeciendo,
a la muerte tu sueño tributando.

Y tú sientas subir hasta tu cama
la voz del pueblo al madrugar diciendo:
Pasó la noche el dictador sangrando.


LIBRO: Argentina 78
Publicación: 1983
Escritura: 1979




CÓRAM PÓPULO
(I)


Lo que pueda contaros
es todo lo que sé desde el dolor
y eso nunca se inventa.

Porque llegar aquí fue una larga sentina,
un extraño viaje,
una curva de sangre sobre el río,
mientras todo era un grito
y ya se perfilaba resuelto en latigazos
el crepúsculo.

Las historias se cuentan con los ojos del frío
y algún sabor a sal y paso a paso
–lengua y camino–
porque la sangre se nos va despacio,
sin borbotón apenas,
desmadejadamente por los labios.

Las historias se cuentan una vez y se pierden.


LIBRO: Troppo mare
Publicación: 1984
Escritura: 1980



MATERIALISMO ERES TÚ

¿Y tú me lo preguntas?
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER


Si supiste decirme que no estamos en paz,
si venir a tus labios fue sentir el calor
de un hermoso equipaje para siempre en los hombros.

Si se abrió el horizonte con sus ojos brillantes,
con toda su extrañeza.

Si hay días, raros días
en que cruzas de pronto la calle y me sorprendes
con alguna denuncia inesperada.

Si hay tardes, raras tardes
que me atrevo a contarte
mi pequeña verdad de enamorado,
que me atrevo a tirar por la borda algún jirón
de esta memoria sucia de dominio,
turbia de soledad.

Si hay noches, raras noches
que cuando te descubro
por una de esas calles que llevan al mercado
parece que una estrella, de golpe, me alumbrara.


LIBRO: Paseo de los tristes
Publicación: 1982
Escritura: 7 diciembre 1981




VEN A LAS ISLAS…

Ven a las islas
que dan al valle
las islas negras
sin abordaje

Donde mis ojos
y soledades
cuando me cercan
las iniciales

Raro de luna
como de nadie
a todas horas
interrogándome

En la aduana
de los disfraces
donde las islas
sin esa llave

Mientras destiñen
los tatuajes
ven esperada
con tu rescate


LIBRO: Raro de luna
Publicación: 1990
Escritura: 1 junio 1986




VII

A Elena C.


Sale por la ventana del bar una canción
que cuenta de prisiones, de unos labios y un día.
Y siente que en sus labios la noche se le enfría
y aprieta en el bolsillo un negro escorpión.

Ha vuelto de las islas. La luz del callejón
es la misma que, entonces, fatal, le sonreía.
(Y el mismo el que la mira pasar, el viejo espía
de la brasa en los dedos y del trago de ron,

que sale de las sombras y entra en la cabina
junto al embarcadero.) Por entre la neblina
adivina el farol que chilla en la portada

donde “El Diente de Oro” destella. En alta mar
se eleva una bengala. De pronto, al disparar,
ve los labios traidores huir en desbandada.


LIBRO: Sonetos del diente de oro
Publicación: 2006
Escritura: 13 julio 1993



NOTAS:

(1) Bartleby Editores y Fundación Roberto Malagón. (Madrid, 2011). Prólogo de Manuel Rico, edición de José Luis Alcántara y Juan Antonio Hernández García: I - POESÍA I (Libros), II- POESÍA II (Sueltos e inéditos), III- PROSA I (Miscelánea), IV- PROSA II (Diarios). Egea fue el autor en 1983 junto a Luis García Montero y Álvaro Salvador del manifiesto “La otra sentimentalidad”, pese a lo cual ha sido mantenido como mera referencia bibliográfica en un espeso silencio “inexplicable” sobre su nombre y su obra, sólo roto de manera esporádica por algún homenaje aislado y localista. Con esta publicación sus editores pretenden proseguir su labor de reparación de lo que consideran “injusticias literarias de proporciones incalculables” caídas sobre determinados poetas contemporáneos, a los que consideran víctimas de las “serias carencias de nuestro sistema crítico y académico (M.R.)”, al tiempo que corroboran las palabras de Cernuda que citaremos más adelante.

(2) Poesía y Literatura I y II, Biblioteca Breve de Bolsillo, Seix Barral, Barcelona 1971.

(3) "La nómina de exclusiones practicada por los enemigos del pensamiento complejo no terminaría en Javier Egea; citamos excepcionalmente otros nombres ligados en una u otra medida a la "Tendencia" como los de Pablo del Águila —cuya memoria acerca de su suicidio a los 22 años fue objeto de alguna canallada por escrito—, o Elena Martín Vivaldi de mayor edad pero iguales “maneras” estéticas, que podrían encabezar incluso una Antología de los "débiles" abandonados al borde del camino. Por cierto que una Antología de esta excelente poeta fue publicada en Hiperión tiempo antes de morir en 1998 de muerte natural, antes de cerrarse el silencio sobre su sombra. Fue una decidida militante feminista y decana de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada, en tiempos en que no era corriente que una mujer ocupase un puesto de relevancia académica.

(4) Javier Egea, Álvaro Salvador y Luis García Montero: La otra sentimentalidad (Los Pliegos de Barataria, Editorial Don Quijote, Granada, 1983).

(5) Walt Whitman, director del Daily Eagle de Brooklyn desgrana en sus editoriales su idea de la democracia como una sociedad de “lectores libres”, no corrompidos por el fanatismo ni los grupos políticos, lectores a quienes el autor de textos —el poeta, el impresor, el maestro, el periodista— debe servir con todas sus fuerzas. Esto decía por ejemplo el 1 de julio de 1846; nosotros seguimos creyendo en sus palabras que confirman que el pensamiento —y la poesía lo es ¡ y en qué medida!— democrático es complejo y por lo tanto abstracto.

(6) Todos ellos, aunque no todos los citados aquí —el fugaz y frustrado Régis Débray que marchó a la selva a luchar temporalmente junto al Ché Guevara, fue por ejemplo considerado un traidor—, constituyeron un grupo, hoy en decadencia, que organizó aquel marxismo estructuralista que alimentó ideológicamente unos años que produjeron las claves intelectuales de cambios irreversibles en la política y costumbres de Occidente.

(7) Enlaces

-Luis García Montero: “
El rescate del poeta con sentimiento político" (Público, 30-03-2011)
-Jesús Arias: “
Un poeta ha vuelto a nacer y vivir” (Granada Hoy, 3-4-2011)
-PodCast de "Justicia poética":
Entrevista a Manuel Rico y Juan Antonio Hernández García (El Planeta de los libros, 13-2-2011)
-Entrevista de G. Cappa a Manuel Rico: "
No tengo respuestas para explicar el olvido de Javier Egea" (Granada Hoy, 14-4-2011)
-Enterevista de Juan Luis Tapia a Manuel Rico: “
El poeta Javier Egea merecía una edición a la altura de su obra” (El Ideal de Granada, 15-4-2011)
-Agencia EFE: "
Javier Egea al completo. Bartleby y Malagón reúnen toda la poesía publicada del granadino" (El País, 21-4-2011)
-Ángel L. Prieto de Paula: Andar erguido y solo" (El País, Babelia, 23-4-2011)
-Anónimo: "
Olor a espera" (Granada Hoy, 24-4-2011)
-Francisco Baraja, "La Trónica" (Andalucía Digital, 26-4-2011)
-Manuel Rico: "
Álvaro Salvador y la Poesía completa de Egea: mi discrepancia" (Culturamas, 28-4-2011)

(8) Instrucciones para amanecer, Calima, Palma de Mallorca 2007. Pág. 106.

(9) Esta selección ha sido realizada a petición mía por los editores de la Obra Completa de Javier Egea, los estudiosos José Luis Alcántara y Juan Antonio Hernández García, que han reparado en primera instancia lo que Manuel Rico ha llamado “inexplicable anomalía histórica”, añadiendo que ignora si ello se debió a simple olvido, falta de rigor en el análisis del período, silencio premeditado o desconocimiento del nivel de calidad de la obra del poeta. También afirma el crítico que cualquier intento de respuesta a cada una de ellas (y de las muchas más que podrían formularse) entraría en el terreno de la justificación y de la excusa, y por tanto, de lo inverosímil. En la selección antológica encontrará el lector más razones para establecer un juicio propio sobre la calidad de esta poesía; y en la colección de enlaces informáticos a las polémicas declaraciones —y proyectos de justificación— recogidas en la prensa entre los meses de marzo y abril de este año, muchas más para intuir algunas de las respuestas que demandaba Manuel Rico en el prólogo a este I Tomo que comentamos. Más argumentos de peso se podrán hallar en la próxima publicación de las prosas de Egea; notablemente en sus Diarios.

Retumbó la voz de Javier Egea. Bartleby rompe el silencio ..


jueves, 28 de abril de 2011

JAVIER EGEA

Álvaro Salvador y la Poesía completa de Egea: mi discrepancia

Por Manuel Rico.

No suelo escribir acerca de las críticas que sobre mis libros aparecen en distintos medios. Sean elogiosas, neutras o negativas, siempre he mantenido un silencio respetuoso sobre la opinión del crítico. Incluso cuando he escrito algún estudio preliminar, un prólogo o un ensayo sobre algún poeta, esa ha sido mi norma. Tal era, también, mi disposición ante la edición del primer volumen de la Poesía completa de Javier Egea aún sabiendo de los aspectos conflictivos de su biografía, de la polémica que se produjo en Granada tras su suicidio y de la existencia de interpretaciones distintas sobre la relación de su escritura con la llamada poesía de la experiencia y con el manifiesto “La otra sentimentalidad”, de 1983.

I

A mi juicio, la edición de Bartleby es todo un acontecimiento. Un motivo para la celebración, para la alegría y, con independencia de las discrepancias que pueda haber respecto a algunos detalles de la edición, para proclamar a los cuatro vientos la necesidad de la lectura y la relectura de la obra de Quisquete. Creo que así lo expresó uno de los compañeros de Egea en la firma del citado manifiesto, Luis García Montero, en su artículo de Público del pasado 30 de marzo ( http://www.publico.es/culturas/368773/elrescate-del-poeta-con-sentimiento-politico ) . Con independencia de alguna imprecisión respecto a mi reflexión sobre la presencia de un sesgo irracionalista (“elucubraciones”, lo llamó) en la poesía más madura de Egea y del olvido al que relegó a José Luis Alcántara y Juan Antonio Hernández, sus editores, su artículo invitaba a acudir, a leer y a releer a Javier Egea.

No puedo decir lo mismo de Álvaro Salvador, el tercer firmante de La otra sentimentalidad, quien, con el título “Olor a espera”, ha publicado el pasado sábado, 24 de abril, una crítica al libro en el diario Granada Hoy en la que expresa algunas discrepancias con el contenido del prólogo y de las notas. La primera discrepancia se refiere a mi extrañeza ante la ausencia de Egea en la práctica totalidad de las antologías de ámbito estatal aparecidas en más de un cuarto de siglo, entre 1982 y 2007. Viene a acusarme de ignorante: “¿No sabe Rico a estas alturas cómo y por qué se producen estas ausencias?”, pregunta al lector. Y añade: “¿Cómo y por qué se ignoran muchos nombres valiosos y, en cambio, se incluyen otros tantos dudosos?”. Precisamente porque lo sé y porque no he querido establecer responsabilidades imposibles de probar, dejo expuesta la circunstancia y mi extrañeza. En ese cuatro de siglo yo fui testigo indirecto de la elaboración de buena parte de las antologías generacionales y todos sabemos el peso que tenían determinados críticos, poetas y editores a la hora de establecer las correspondientes nóminas de “elegidos”. Nadie con un mínimo de inteligencia puede creer que Egea, uno de los coautores del manifiesto y amigo de dos poetas que sí estuvieron en la práctica totalidad de las antologías y con un creciente nivel de relaciones en el mundo crítico y editorial de la época, quedara fuera de ellas por puro azar. Las preguntas serían:¿Fue vetado? ¿No fue propuesto? ¿Se valoró su nombre y decayó? ¿Nadie se acordó de él? En todo caso, la tesis del olvido no me parece creíble. Entre otras razones porque como afirma Álvaro Salvador, gozaba del reconocimiento de no pocos críticos y poetas consagrados (desde Aurora de Albornoz a José Hierro pasando por Carlos Sahagún o Ricardo Gullón). Entonces, ¿cómo es posible su ausencia en todas, incluido el tomo 9 de la Historia y crítica de la literatura española? The answer, my friend, is blowing in the wind, que diría Bob Dylan. Y creo que es mejor dejarla ahí, en el viento. Salvo que quieran escribir sobre ello quienes vivieron, como protagonistas, los procesos de elaboración de las mismas. De cualquier modo, queda el recurso de esperar a la edición de los diarios de Javier Egea, donde quizá encontremos indicios de esa marginación en sus propias reflexiones.

II

Álvaro Salvador afirma, también, que yo reconozco en el prólogo que no me preocupé de la obra de Egea “hasta después de su muerte, al publicarse Contra la soledad (2002)”. Ignoro de dónde saca tal afirmación. Desde luego, no del prólogo. Seguí siem-pre la obra de Egea aunque no escribiera de ella hasta la publicación de ese libro del mismo modo, por ejemplo, que no escribí sobre José Hierro pese a leerlo y seguirlo desde mi adolescencia, hasta que, en 1999, me fue encargada la crítica a Cuaderno de Nueva York. Álvaro Salvador ignora algo que dije en la presentación del libro en Granada el pasado 14 de abril: leí, en 1983, el cuaderno-manifiesto La otra sentimentalidad y durante años, desde Madrid y desde los márgenes de un mundo literario del que estaba ausente, leí con fervor cada nuevo libro de Egea (no fáciles de encontrar) y viví con extrañeza y sin la perspectiva que hoy tenemos su hueco en todas la antologías generacionales que llegaban a las librerías. No creo, por tanto, que sea buen método el que Álvaro Salvador utiliza adjudicándome afirmaciones que nunca he hecho.

Por otro lado, Álvaro Salvador afirma que yo en el prólogo digo que “ya en Troppo mare o en Paseo de los tristes el poeta se aleja de la poesía que escribían sus compañeros de manifiesto”, para, a renglón seguido, afirmar que no era cierto, que escribía en el mismo registro que ellos. He de decir, que lo que se recoge en mi prólogo, en su absoluta literalidad, es lo siguiente: “Es obvio que la gravedad de la reflexión de Egea y la lente, teñida por el pesimismo y por lo oscuro, que aplica en su mirada a la vida cotidiana lo alejan, en este libro,” (me refiero a Paseo de los trsites) “pero también en Troppo mare, de la poesía figurativa que dominaría la realidad lírica de España en la década de los ochenta y de la que escribían sus compañeros de manifiesto”. No es lo mismo, ni mucho menos, lo que ahí se dice que lo que de manera simplista transcribe Álvaro Salvador. Claro que Egea escribe Paseo de los tristes en medio de interminables conversaciones del grupo y bajo el magisterio del profesor althusseriano Juan Carlos Rodríguez y que en buena parte de sus poemas hay sintonía con el contenido del manifiesto. Eso es una obviedad. Pero Álvaro Salvador se olvida del componente de irracionalismo que cruza, de principio a fin, Troppo mare, y de las zonas de oscuridad que aparecen en Paseo de los tristes, escrito poco después que el libro anterior, al intentar formalizar lo que Juan Carlos Rodríguez llama “poesía materialista”, ese objetivo que, en el prólogo, califico de imposible. Diría más: en A boca de parir, su segundo libro (¡de 1976!), hay también numerosos elementos no racionales, no figurativos, no realistas.

III

Concluyo con una referencia a la descalificación de la nota a la edición y de las notas a los poemas. Respecto a la primera he de decir que los editores han transcrito un breve fragmento de los diarios de Quisquete en el que se ilustra de manera fiel su estado de ánimo en marzo de 1993 a la vuelta a casa tras una lectura poética. No hay bilis. De hecho, la nota en su conjunto, aunque ideológica y literariamente posicionada, es respetuosa y elude cualquier roce al margen de lo poético. Respecto a las casi cien páginas finales de notas a los poemas, quiero subrayar que, pese a lo que opina Álvaro Salvador (y, en parte, Ángel Luis Prieto de Paula), no sobran en absoluto. Entre otras razones porque no están metidas en medio de los poemas ni situadas a pie de página, algo que además, evita que sean un estorbo en la lectura. Complementan, amplían el horizonte del lector, aclaran y enriquecen la opción de todo aquel que se acerque al libro. Yo, que no conocí a Egea, estoy encantado con poder acceder, en vivo, a su taller poético, a sus correcciones, a las distintas versiones de los poemas, a sus manías como escritor. Y el lector es muy libre de leerlas de seguido, o por azar o como complemento a la lectura de uno o varios poemas. O de limitarse sólo a leer los poemas. Digo más, las notas con-vierten el libro en un magnífico mosaico de la obra de uno de nuestros grandes poetas. Seguro que los lectores que tampoco lo conocieron estarán, como yo, encantados con ese material.

Creo que todos los amantes de la poesía debemos alegrarnos de esta edición. Porque es la primera entrega de otros materiales, comenzando por una poesía inédita de muy alto voltaje (volumen II). Y porque al fin será Javier Egea, también con sus prosas y con sus diarios (volúmenes III y IV) quien tome definitivamente la palabra en lugar de los exégetas, los intérpretes y los dueños de las verdades reveladas.

http://www.culturamas.es/blog/2011/04/28/alvaro-salvador-y-la-poesia-completa-de-egea-mi-discrepancia/

sábado, 2 de abril de 2011

JAVIER EGEA: Una invitación y una reflexión



REFLEXIÓN:
#13

jqn713 01-04-2011 13:40

Quizás todo se resuma en lo siguiente: en lo que se ha hecho con la teoría de Juan Carlos/en lo que Juan Carlos ha permitido que se haga en nombre de su teoría.

He aquí el síntoma: "Escribe desde la conciencia de que no hay separación ideológica entre lo privado y lo público". Precisamente es lo contrario. Egea escribía desde la conciencia de que la única separación entre lo privado y lo público es ideológica, y no real. Y de que esa ideología tiene nombres y apellidos: ideología burguesa del sujeto. Su poesía es una lucha constante contra esa separación ideológica. Y no fracasó. Le dejaron solo en esa tarea política, a pesar de que no fue el único comprometido en ello -¿qué tuvo que ver el PCE en la relación Alberti/Egea-GM? De nuevo el silencio. Egea hizo poesía materialista mientras resistió en su pequeño pueblo en armas contra la soledad. El fracaso está en el abandono, no en la derrota.

Egea, más que un magnífico poeta, lo que evidentemente llegó a ser, fue un militante comunista que trabajaba como poeta. ¿Antes, después? Todo el mundo tiene su historia.

Y sólo se convierte en un personaje ridículo -alcohólico, enfermo, débil, suicida- cuando se toma la intimidad, la experiencia, etc. como punto de partida y no como resultado de la lucha de clases. Las experiencias propias, aquí y ahora, son casi siempre reaccionarias. La soledad de Egea no fue una decisión propia más que como consecuencia de la lucidez del que no iba a cambiar de barco, cuando casi todos huían como ratas.

¿Autor olvidado? ¡Qué cierto es lo de los silencios de LGM! Olvidado... ¿por quién? ¡Ay, la separación entre privado y público! ¡Ay, los escaparates de las antologías y los periódicos!

Egea no ha sido olvidado. No lo es por muchos estudiantes y militantes comunistas, al menos en Granada; no lo es por el PCE, sumido en la contradicción, que señala su suicidio, entre lo que fue y lo que es; y no lo es por los que estuvieron llamados y comprometidos en la poesía como tarea política y la abandonaron por el cambio en la vida cotidiana para llegar a las transformaciones históricas.

¿Y la otra parte de la relación dialéctica? ¿Y los cambios en la vida cotidiana que no se pueden producir hasta que no haya una transformación histórica? No será olvidado. Siempre se les aparecerá Quisquete, como prueba de que también están equivocados en teoría.

Para terminar, "dos versos deslumbrantes en la canción más inesperada": Y si te piensas echar atrás/tienes muchas huellas que borrar

Gracias a los que no olvidan y a los que no tergiversan.

Salud

http://www.publico.es/culturas/368773/el-rescate-del-poeta-con-sentimiento-politico