jueves, 24 de diciembre de 2009

MIGUEL HERNÁNDEZ (y III)

Miguel HERNÁNDEZ

LLAMO A LOS POETAS (*)


Entre todos vosotros, con Vicente Aleixandre
y con Pablo Neruda tomo silla en la tierra:
tal vez porque he sentido su corazón cercano
cerca de mí, casi rozando el mío.

Con ellos me he sentido más arraigado y hondo,
y además menos solo. Ya vosotros sabéis
lo solo que yo voy, por qué voy yo tan solo.
Andando voy, tan solos yo y mi sombra.

Alberti, Altolaguirre, Cernuda, Prados, Garfias,
Machado, Juan Ramón, León Felipe, Aparicio,
Oliver, Plaja, hablemos de aquello a que aspiramos:
por lo que enloquecemos lentamente.

Hablemos del trabajo, del amor sobre todo,
donde la telaraña y el alacrán no habitan.
Hoy quiero abandonarme tratando con vosotros
de la buena semilla de la tierra.

Dejemos el museo, la biblioteca, el aula
sin emoción, sin tierra, glacial, para otro tiempo.
Ya sé que en esos sitios tiritará mañana
mi corazón helado en varios tomos.

Quitémonos el pavo real y suficiente,
la palabra con toga, la pantera de acechos.
Vamos a hablar del día, de la emoción del día.
Abandonemos la solemnidad.

Así: sin esa barba postiza, ni esa cita
que la insolencia pone bajo nuestra nariz,
hablaremos unidos, comprendidos, sentados,
de las cosas del mundo frente al hombre.
Así descenderemos de nuestro pedestal,
de nuestra pobre estatua. Y a cantar entraremos
a una bodega, a un pecho, o al fondo de la tierra,
sin el brillo del lente polvoriento.

Ahí está Federico: sentémonos al pie
de su herida, debajo del chorro asesinado,
que quiero contener como si fuera mío,
y salta, y no se acalla entre las fuentes.

Siempre fuimos nosotros sembradores de sangre.
Por eso nos sentimos semejantes del trigo.
No reposamos nunca, y eso es lo que hace el sol,
y la familia del enamorado.

Siendo de esa familia, somos la sal del aire.
Tan sensibles al clima como la misma sal,
una racha de otoño nos deja moribundos
sobre la huella de los sepultados.

Eso sí: somos algo. Nuestros cinco sentidos
en todo arraigan, piden posesión y locura.
Agredimos al tiempo con la feliz cigarra,
con el terrestre sueño que alentamos.

Hablemos, Federico, Vicente, Pablo, Antonio,
Luis, Juan Ramón, Emilio, Manolo, Rafael,
Arturo, Pedro, Juan, Antonio, León Felipe.
Hablemos sobre el vino y la cosecha.

Si queréis, nadaremos antes en esa alberca,
en ese mar que anhela transparentar los cuerpos.
Veré si hablamos luego con la verdad del agua,
que aclara el labio de los que han mentido.

Miguel HERNÁNDEZ El hombre acecha



(*)A Xisco Bernal […]
Se trata de un poema que exalta la solidaridad entre poeta y pueblo, revelando si no una poética, sí una actitud ante la poesía, que debe substanciarse en la vida. Documentalmente, en sus versos queda constancia de las amistades y admiraciones de Miguel Hernández en aquellos días. Los más importantes poetas de su tiempo se hallan citados por sus nombres y, en primerísimo lugar, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda
(1).[...]


(1) En la anteúltima estrofa de este poema, vuelve a llamar por sus nombres a los poetas amigos, designados antes, en su mayoría, por los apellidos. Sin embargo, cuando se complementan unos y otros, aparece un curioso error: falta un Antonio y sobra un Juan. En efecto, tomemos los nombres de esta anteúltima estrofa y, por ese orden, coloquemos los apellidos citados en estrofas precedentes – Federico (antes lo llama también así); Vicente –Aleixandre; Pablo-Neruda; Antonio-Machado; Luis-Cernuda; Juan Ramón (las dos veces lo cita igual); Emilio-Prados; Manolo-Altolaguirre; Rafael-Alberti; Arturo (Serrano-Plaja); Pedro-Garfias; Juan-?; Antonio-Aparicio; León Felipe (ambas veces igual). Queda, pues, sin aplicar nombre propio a Oliver (Antonio Oliver Belmás) amigo suyo desde los tiempos murcianos de Perito en lunas) y, en cambio, sobra un Juan que no podemos atribuir a ningún apellido anterior. Cabría pensar en Juan Larrea, pero no lo había citado antes, como se ve y, además, Miguel no debió tratar a Larrea, quien vivió fuera de España (aunque hiciese algún viaje) desde 1924. También podría creerse que alude a Juan Rajano, pero Rejano no escribía poesía por entonces, no lo hizo hasta el exilio. Queda Juan Gil Albert, pero no es seguro tampoco, entre otras cosas porque, como se comprueba, todos están nombrados dos veces: primero por el apellido, luego por el nombre propio.

MIGUEL HERNÁNDEZ, Obra poética completa Madrid, Ed. Zero, 1979 (5ª ed.), pág. 355. Introducción, estudio y notas: Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia.




2 comentarios:

Rocío dijo...

Hermoso poema, como siempre. Feliz Navidad!

XiscoBernal dijo...

...y muy feliz año hernandiano 2010.
Alguien me podría aclarar a qué poetas se refiere Miguel Hernández en estos versos :
"Hablemos, Federico, Vicente, Pablo, Antonio,
Luis, Juan Ramón, Emilio, Manolo, Rafael,
Arturo, Pedro, Juan, Antonio, León Felipe.
Hablemos sobre el vino y la cosecha. "

Federico García Lorca
Vicente Aleixandre
Pablo Neruda
Antonio______________?
Luis Cernuda
Juan Ramón Gimenez
Emilio Aladrén/Emilio Prados?
Manolo Altolaguirre
Rafael______________?
Arturo______________?
Pedro Salinas
Juan________________?
Antonio_____________?
León Felipe
Podrías completar la lista? Grácias en nombre de todos los poetas que acudimos a su llamada.